No tengo ganas de escribir...
De veras que uno se cansa. Me pasé toda la noche escribiendo un ensayo sobre los modismos en el lenguaje, así que cuando desperté esta mañana sentí que se me había congelado el cerebro. Nada, ni una simple idea, fugaz rememoración, o insano pensamiento que motivara a comunicarme por medio de la escritura. ¡Qué vergüenza! ¡Con tanto que comentar!La economía del mundo se está derrumbando gracias a la voracidad corporativa. Para nadie es un secreto que la educación está cada día peor y los niveles de analfabetismo funcional son alarmantes. Seguimos despilfarrando los recursos del mundo al punto en que la vida será insostenible. Nos matamos los unos a los otros en nombre de Dios, de la democracia, del dinero y hasta de la misma paz. Todavía hay muchos pueblos que no conocen ni la ínfima comodidad de la que hace años disfrutamos algunos. La palabra discriminación es un eufemismo que agrupa el sufrimiento de millones, sobre todo esos vulnerables: los “diferentes”, pobres, mujeres, niños, ancianos, desvalidos; los que sirven de referencias a los exaltados discursos políticos que motivan a las grandes masas. La gente se atraganta y engorda con comida chatarra y luego se enferma y atraganta de medicamentos costosísimos y más tarde muere por falta de atención médica. ¡Un negocio redondo! Se controla al pueblo contento con la barriga llena; luego se le saca hasta el último centavo con el pretexto de mantenerlo vivo, y al final nos deshacemos rápidamente de los más desafortunados.
Confieso que cuando abrí los ojos por primera vez y contemplé alrededor la vida, nunca imaginé que mi existencia transcurriría rodeada de tanto cinismo. Pero lo que realmente me aterra es que el día que me marche, alguien o algo me obligue a regresar, aunque sea inerte e incrustado en una minúscula partícula cósmica.
Etiquetas: análisis, crisis, Economía, existencia, mundo, Pobreza

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